Mi Embarazo Parte V .- Tercer trimestre.

Llegamos a la recta final,  la barriga ya es más prominente,  sientes al bebé todos los días,  o casi,  empiezas a sentirte más cansada y pesada y a tener ganas de llegar a la meta.
En mi caso el tercer trimestre empezo por el mes de Julio,  me encontraba genial,  aunque las cuestas eran misión imposible y las contracciones de Braxton Hicks se me hacían insoportables. 

En estas contracciones (que no son de parto,  si no de preparación) el utero se contrae y se pone duro. Suelen aparecer sin previo aviso,  cuandos de hace una actividad física  (subir las cuestas de Santiago de Compostela 😳) con la vejiga llena y no son regulares,  ni se dan cada menos tiempo,  como las de Parto. 

Por supuesto,  aunque me encontrará genial y pletórica de energia había cosas que no podía hacer. Mucha actividad me cansaba de sobremanera (eso que hice mi record de pasos el 9 de Julio con unos 30.000),  agacharse y levantarse no entraba dentro de mis posibilidades, además de limpiar ciertas cosas en casa. 
Todo iba genial, hasta que mi suegro se puso enfermo. Estaban en el pueblo y vinieron al hospital de mi ciudad y lo dejaron ingresado. De repente dejamos de ser 2 en casa para ser 5. Por las mañanas hasta la 1, estabamos todos en casa y después mi cuñada, mi suegra y mi marido se iban al hospital. Nos quedabamos en casa la abuela de 92 años y yo. Al principio muy bien, saliamos por las mañanas a hacer los recados y otro poco por las tardes, no más de 1 hora. Pero pronto todo se empezo a torcer, y todo comenzo con una caída, nos caímos las dos, ella tropezo, yo la agarre y fuimos las dos para el suelo, caí sobre mis rodillas, mis brazos y sobre ella, me asuste, pense que la habia aplastado, a ella y a mi hijo. No fue nada, ella se llevouna herida en una rodilla y yo un par de arañazos en el brazo, un hombro fastidiado, me costaba moverlo. 
Ese fue el declive, con 8 meses de embarazo no estaba para encargarme de nadie y menos de una persona mayor,  de 92 años. Las mañanas de limpieza,  sin ayuda,  solo por parte se mi marido,  las cortas salidas y el verlo tan poco y apenas poder hablar con él  empezaban ha hacer mella en mí y un día explote. Discutimos por una tontería de la que ni me acuerdo,  y en 2 días ya no pude parar de llorar,  él casi ni se entero,  pensó que era por la discusión. No,  no era por eso,  estaba pasada,  le necesitaba a él y tranquilidad. 

Apenas salía y estaba muy estresada por la situación. No entendía que fueran a tomar café a un bar a unos 10 minutos del hospital,  cuando nuestra casa esta a 20. Podría haber hablado, decirle que lo necesitaba, que me pasaba algo, pero no lo vi venir,  simplemente llego y no podía parar de llorar. 

Al día siguiente tuve que quedar con mi madre. Sabía que me vería y sabría que había llorado,  y lo supo,  a pesar de mis gafas de sol,  a pesar del maquillaje para disimular mis ojos rojos. Se enfadó  y mucho.

A partir de ese día me venía a buscar todas las tardes para despejarme,  simplemente hablabamos,  paseabamos y tomabamos algún que otro café.  

Tengo que aclarar que estando en el hospital,  mi suegro se encontraba mas o menos bien,  estaba allí para controlarlo y a la espera de resultados y estaba bien: paseaba,  comia bien, veía la tele,  dormía siesta… no necesitaba ayuda,  ni estaba impedido (pero sí enfermo) 

Dos semanas estuvo allí,  hasta que controlaron lo que tenía y lo mandaron a casa, nosotros volvimos a la “normalidad” hasta que un mes después seguían sin solucionarse sus problemas y lo volvieron a ingresar, aunque “gracias” a ese problema encontraron otro que a la larga podría ser mortal, el comienzo de un cancer de colón. Le operaron, a los 3 días de dar yo a luz.

Hasta el día del parto seguimos con la misma dinámica,  aunque mi marido logro sacar algo más de tiempo para estar con nosotros.

 Después del parto consideré que sería mejor quedarnos en casa de mis padres, demasiada gente en la mia. Mi hijo y yo estabamos mejor cuidados por mis padres. Se portaron de maravilla y a mi pobre madre fue la que, cuando volvimos a casa se encargo de toda la colada y la limpieza. Se lo agradeceré eternamente, todo el esfuerzo que hizo por nosotros.

No fue fácil,  unos meses de mucho stress y que me afectaron bastante. Se habla mucho de la depresión post parto,  pero durante el embarazo también tenemos las hormonas alteradas y junto con una situacion de stress puede conllevar que la depresión llegue incluso antes del parto. No sé que hubiera sido de mí sin mi madre, me apoyo antes,  durante y después. Pero lo principal y más importante es que alguien se de cuenta de que te estás cayendo en la negrura de un pozo sin fondo. 

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